1 de enero, 2 de febrero, 3 de marzo…
De la vida y de la muerte 10 de Julio del 2008
En ópera, religión y fiestas de pueblo, manda la tradición. Parece que la palabra tradición implica legitimidad automática, ausencia de autocrítica y prohibición de crítica externa. El diálogo es casi imposible cuando comentas que no te gustan los toros y salta un aficionado taurino clamando “es un arte”, o no participas de las fiestas relacionadas con la(s) iglesias, que a todos les gustan si implican vacaciones y cachondeo en algún grado, o peor, agradan “porque son tan bonitas”. ¿Se podría hacer una votación para eliminar las fiestas de los patronos de pueblo, la iluminación y días libres por navidad y semana santa?, ni pensarlo, aunque nos acordemos del patrono sólo cuando conectan los altavoces a todo volumen en la plaza. La cosa se resume en gasto público y fiesta para mantener unas tradiciones vacías de contenido. Pero la tradición es así, lo hago, lo digo y lo pienso, porque siempre se ha hecho, dicho y pensado. Y mientras más vieja más digna. Si matas toros o ellos te dan una buena cornada por estar correteando como un pendejo delante de un bicho de media tonelada, eres un valiente; y contribuyes a la tradición!




Foto Per Endström
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