Escribe Emili en Más o Menos

“Asocio el verano con días largos, larguísimos, bajo un sol infinito y entre árboles y campos eternos. El mar, la indolencia de la playa, el rumor de los niños como abejas y los turistas a lo lejos. Fiesta de día y de noche, el mismo calor y las mismas ganas de celebrarlo. Esta relajación de los sentidos, estas ganas de vacaciones sin fin que se abren como una oportunidad definitiva.
Esta es, me parece, la nostalgia del verano, tan distinta a la del otoño o el invierno, marcados por el principio de realidad. Mi madre murió en noviembre, mi padre en febrero, y se me hace extraño asociar la sorpresa de la muerte con el verano.
El verano detiene el tiempo y abre las ventanas, crea la comunión de los viajantes y veraneantes, la borrachera de la carretera y los aeropueros, la reunión de las familias. Es la Navidad laica, sólo que mucho más larga y radiante, menos cargada de obligaciones y parafernalia.
Verano, regreso a los saltamamontes de la infancia o las cigarras.
Para mí, verano es Banyalbufar y las tardes infinitas en el mar con los hijos pequeños. Promesa de plenitud, reforzada cada puesta de sol con toda la solemnidad de la Naturaleza protectora.
Ilusión de infinitud, más poderosa que las marchas nocturnas que en seguida pasan factura en forma de resaca.
Verano panteísta, salvados por la luz y el milagro de la brisa. Conjuro de la muerte. Epifanía de los sentidos, el más dulce sucedáneo a la promesa de la resurrección de los muertos”.

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