I
Angela y Claudio están casados y son infelices. Él metido en sus libros, distante; ella, harta de desamor, comienza a verse con otro. Claudio muere y Angela vive con Mario, su amante. Un día descubre una grabación póstuma de Claudio en la que le dice cuánto la amaba, y le pregunta por qué no luchó, por qué no intentó comprenderlo, cómo no vio su sufrimiento, por qué fue infiel a su juramento de amor, y le repite una y otra vez cuánto la amaba en silencio.//. Angela lo odia por la crueldad de su acusación tardía, lo ve como un loco, una voz vengativa que llega de ultratumba… pero escucha nuevamente la grabación. Y empieza a conmoverse al reconocer la sinceridad de las palabras. Mario, el amante, no da crédito a lo que sucede y le reclama cordura, le repite que el sí está vivo y está allí con ella para amarla. Angela duda ante la pasión de su amante… pero vuelve a escuchar la grabación. La voz de Claudio le alcanza el alma, y la lleva a recuperar todo lo que una vez sintió. Mario se va, abatido y decepcionado; y la historia termina en un monólogo a dos voces, Claudio desde la cinta magnetofónica y Angela, jurándole amor eterno.
II
Una mujer sóla, al teléfono; en bata de casa, en chanclas, demacrada y nerviosa. Un diálogo absurdo e interminable con el amante que la ha abandonado y que se casa al día siguiente con otra. Disimulo, humor, recuerdos felices del pasado; desesperación cuando la llamada se corta, reclamos a la operadora, reclamos a quien llama por error. El dolor se va adueñando de la mujer que cada vez disimula menos su desgracia, su soledad, el horror de la separación. Ha intentado suicidarse tomando pastillas, una amiga ha traído al médico y le han salvado; lo confiesa por teléfono aunque primero lo ha negado. Avanza y retrocede entre el cariño comprensivo que intenta demostrar y la locura que la va ahogando, el vacío. Finalmente se rinde a la evidencia insoportable, no volverá… y el cable del teléfono, como una serpiente larga y negra da vueltas a su cuello, mientras dice una vez más, ahogándose, cuánto lo ama.
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En vez de ver el fútbol como la gente normal, el 29 de junio nos fuimos al Teatro Principal, a escuchar (y ver) en versión de concierto,”Una voce in off” (Xavier Monsalvatge pone música y libreto, sobre un cuento de Joan Puigdevall), y “La voix humaine” (Francis Poulanc, con libreto de Jean Cocteau. ). Cuanto genio reunido. Qué experiencia emocionante para el espíritu y los sentidos. Tocaba la Simfònica de Palma, cantaba el Coro del Teatro Principal y dirigía Francesc Bonnín. Y CANTABAN, así con mayúsculas, Sandra Ferrández, (Angela), Alberto Arrabal (Mario) y Antoni Comas (Claudio). La mujer abandonada de Cocteau fue Denia Mazzola Gavazzeni, una diva, absoluta.//.De las partituras debería escribir otro post, pero ojalá que las historias bastacen para despertar tu curiosidad por conocer unas piezas magistrales, que el tiempo sólo ha logrado engrandecer.//. Qué nada extrañé el fútbol. Qué maravilla trascender lo obvio y lo inmediato.
Todavía escucho a Claudio llamar… Angela, Angela, ascoltami.