Cómo puede saber una bebida con un nombre tan maravilloso, sino estupendamente. En México es una bebida cotidiana, una infusión hecha con las flores secas de una planta llamada así “Flores de Jamaica”. Colocan las flores en agua hirviendo (como cualquier infusión), con el cuidado de no pasarse con el fuego porque entonces cambia el color. Un extraordinario vino tinto que a la luz es de un rojo intenso; nunca marrón que es el color quemado. La dejan enfriar, le ponen azúcar y mucho hielo. Supongo que la toman en vaso pero yo me la sirvo en copa porque me parece que así le hago justicia. Tiene un punto amargo, quizá hasta áspero, pero “se deja colar”, como dicen en Caracas, y te sirves sin darte cuenta, una y otra copa. ¿Qué haré cuando se me acabe la provisión que me queda?… llamar al Chapulín Colorado.

A ver si Juan Carlos habla con sus contactos y me traen una bolsita en el próximo viaje a México.




Foto Per Endström