Hace 10 años me apunté en una lista de usuarios latinoamericanos de icq, no existía el messenger, ni facebook, ni hi5. Apenas comenzaban las redes sociales, tímidamente. En los datos del perfil recuerdo que puse: música, literatura y familia. Y un día de marzo recibí un mensajito de dos o tres líneas que decía más o menos que también le gustaba la música, especialmente la clásica. Y le contesté, y me contestó. Y busqué en el mapa dónde quedaba Mallorca, exactamente. Y me contó que hablaban catalán y le escribí “Visca Mallorca” jurando que me estaba luciendo. Y nos escribimos tanto que pensábamos con las letras del teclado. Hasta que se impuso la necesidad de salir del espacio y poner los pies en la tierra, y pusimos los pies allá y aquí, allá y aquí, allá y aquí, y nos quedamos, aún en el espacio, pero aquí.
A veces un “o-o” puede ser una canción de amor.

¿Por qué en las fotos con niños siempre tiene que salir uno (¡una!) con carota?
Aquí, Sandra, Llucia, Abril brava porque quiere patatillas y Zoltan.
Ciudad Jardín, Palma de Mallorca.






Foto Per Endström