Pues la verdad es que este no es un post solidario con las hambrunas del planeta. Me refiero, a lo bestia, al problema de comer cuando no te gusta cocinar. Si eres niño lo tienes fácil, mami cocina; si eres niño y en tu casa se puede, no importa si mami no cocina, cocina la sirvienta. Si eres adolescente la cosa empieza a complicarse porque técnicamente puedes cocinar, entonces tienes que buscar una buena excusa para escaquearte; y vas a la universidad y empollas. Esto último es importante porque a un hijo que empolla como Dios manda no se le niega nada (esto lo descubrí prontísimo y funciona siempre) y al llegar de la uni le espera un platito de rica comida caliente.//. Pero tarde o temprano te vas de casa (aunque las mejores hallacas las haga tu mamá) y entonces la cosa empieza a ponerse chunga y hay que desarrollar algunas estrategias.//. Si te vas de casa porque te casas (como se hacía antes) y eres del tipo romántico, como yo, siempre hay que buscar parejas que sepan cocinar, imprescindible aunque no solfeen. Más que saber, que les guste cocinar (porque los hay que saben pero se hacen los exquisitos y se guardan para ocasiones especiales, y aquí estamos hablando de subsistencia, no de lucirse con los amigos).//. El problema se presenta cuando te divorcias y vives sola. Grave, empiezas a pasar hambre; no del todo pero la dieta se limita a conflé (cerialitos varios digamos), cerveza, sopas de sobre y visitas frecuentes a la familia y los amigos de confianza. Lo bueno es la silueta, en mis tiempos de soltera-separada pesaba 53 kilos y estaba espectacular.//. Luego te vuelves a enamorar y viene la prueba de fuego: eres mamá. Aquí ya no hay salvación, hay que empezar a preparar papillas, arrocitos… hasta que los niñitos están lo suficientemente grandes para tener confianza en que “otro” les haga la comida, en este caso hay dos opciones: que cocine el papá (que por supuesto sabe cocinar si has elegido bien) o que cocine la asistenta (en Venezuela cachifa). Este caso es complejo porque con los sueldos de miseria que les pagamos a quienes nos ayudan con las faenas domésticas tampoco puedes esperar que sean chefs. Entonces unas veces cocina el papá, otras la muchacha (también decimos la muchacha de servicio) y alguna otra te toca, respiras profundo y te pones. Y entonces te vuelves a divorciar.//. Caos hasta que te organizas económicamente, y con suerte logras, además de la muchacha, contratar a una señora de las que sabe cocinar de verdad, de las que hacen guisos que hacen chup-chup y cosas que se meten en el horno y llevan salsas. Y viene a tu casa un día a la semana y te deja unos cuantos platos preparados para la semana con lo que la chica sólo tiene que preparar el contorno (arroz, cuscus, patatas o lo que combine con el plato principal glorioso que ha preparado la otra señora)…
Lo siento, me tengo que ir a ensayar y esto todavía va pa’ largo… sigo al regreso (si el cuerpo aguanta).