eugenio montejo
Textos y poesías 15 de Junio del 2008
Me entero a través de Ibsen Martínez de la muerte del poeta venezolano Eugenio Montejo (1938-2008), y se me encoje un poco el corazón. No lo conocí en persona, pero cuando compuse el madrigal obligatorio como trabajo final para obtener la licenciatura en dirección coral, escogí un poema suyo. Ibsen si lo conocía y creo que le contó mi pequeña anécdota. Encontré el “Nocturno al lado de mi hijo”, en el segundo tomo de la “Antología Actual de la Poesía Venezolana, 1950-1980″ publicada en 1981 en Madrid por la editorial Mediterráneo, y a cargo de J. A. Escalona Escalona. Me conmovieron las palabras y el mensaje. También hay versos suyos en http://amediavoz.com/montejo.htm//.
Aquí dejo algunos versos del poeta como testimonio de admiración…
ADIÓS AL SIGLO XX
a Alvaro Mutis
Cruzo la calle Marx, la calle Freud;
ando por una orilla de este siglo,
despacio, insomne, caviloso,
espía ad honorem de algún reino gótico,
recogiendo vocales caídas, pequeños guijarros
tatuados de rumor infinito.
La línea de Mondrian frente a mis ojos
va cortando la noche en sombras rectas
ahora que ya no cabe más soledad
en las paredes de vidrio.
Cruzo la calle Mao, la calle Stalin;
miro el instante donde muere un milenio
y otro despunta su terrestre dominio.
Mi siglo vertical y lleno de teorías…
Mi siglo con sus guerras, sus posguerras
y su tambor de Hitler allá lejos,
entre sangre y abismo.
Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios
por un trago, por un poco de jazz,
contemplando los dioses que duermen disueltos
en el serrín de los bares,
mientras descifro sus nombres al paso
y sigo mi camino.
NOCTURNO AL LADO DE MI HIJO
(selección de versos preferidos de Irina)
De padre a hijo la vida se acumula
y la sangre que dimos se devuelve
y nos recorre en estremecimiento.
Caen ahogados murmullos de vidrio
esta noche en el mundo
todavía tan negro.
Y la inocencia en su reposo
que en lentas ondas fluye
mientras velo a su lado me atormenta.
Allí en su sueño, tras las nieblas
que nos separan, crece el árbol
por donde torna hacia otro día
mi sangre que aún en él es verde.
Despacio la noche me reintegra
al áspero silencio
que esparcen atónitas estrellas
mientras mi hijo duerme.




Foto Per Endström
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