Anoche vi, por primera vez en la vida, esta película. Que bien no haberla visto antes para poder descubrir ahora esta maravilla; que regalo inesperado irte a dormir, hacer un poco de zapping y de pronto quedarte alelada ante una especie de milagro. Que cosa más poética y emocionante. Es del año 1966 y la dirigió François Truffaut, basándose en la novela del mismo nombre de Ray Bradbury (esto lo busqué en la wikipedia hace un minuto). Sabía que existía, sabía que era famosilla entre las pelis de autor, pero no sé, no habíamos coincidido hasta anoche (como aquello de que el maestro aparece cuando el discípulo está preparado). Tres líneas de resumen:
el futuro, los libros están prohibidos, los bomberos los queman, la gente es feliz. Alguien cambia porque siente la pasión de otro por las ideas escritas. Una comunidad secreta y marginal memoriza libros, cada persona es un libro y así conservan el tesoro de la literatura, de generación en generación.
Cine sin aditivos, casi teatro, basado en una historia apabullante, por lo dura y a la vez esperanzadora.





Foto Per Endström