Entre las cosas que se aprenden poco a poco y con cierta dificultad, está el saber cuándo eres una acusica, soplona, chivata o cualquiera de los insultos que significan más o menos “traidora de mierda”, y cuándo estás denunciando una injusticia, una falta o un peligro potencial. En este tema caminamos sobre la cuerda floja de adular a los papás o la maestra, o ser fieles al amigo, el hermano o el grupo, y morir callado. Y la verdad es que no hay mucha ayuda posible, supongo que tiene que ver con el desarrollo de la conciencia y la responsabilidad. Te explicaban y explicas que es feo ir de soplona, y al mismo tiempo esperamos que los hijos sean capaces de detectar cuándo es necesario que digan si está ocurriendo “algo malo”, algo que los mayores deberían saber. Les ponemos algún ejemplo de cuándo sí y cuando no, pero la información es siempre incompleta porque no podemos incorporar el cómo se sentirá cada uno frente a cada situación; y cruzamos los dedos. Se pelean entre si conceptos y afectos, qué es algo malo, qué es fidelidad o compañerismo, qué es complicidad y cuándo la complicidad se vuelve peligrosa. A nadie le gustan los acusetos y a nadie le gusta que ocurran cosas que escapan a su control y que puedan terminar en accidentes, injusticias o abusos. Pienso en el bulling, pienso en los abusos a menores y la cantidad de veces que callan por vergüenza o por miedo. Saber hablar y saber callar; y esto hay que irlo aprendiendo solitos y volando casi por instrumentos.
pantaleta: las que se llaman bragas en España, bombachas en Argentina y blumas en Colombia.





Foto Per Endström