Casi jugando voy haciendo mi árbol genealógico usando el programa Family Tree Pilot que encontré en la red. Muy fácil de utilizar; con un nivel de inglés hiper básico lo sacas adelante. Vas introduciendo los nombres de los miembros de la familia en tres categorías: “persona”, “familia” y “marcar como hijo”. En persona metes a todo el mundo individualmente (nombre, sexo, fechas de nacimiento y muerte), en familia marcas como esposo y esposa a quienes antes hayas incorporado a la lista general (puedes poner la fecha de la boda); y finalmente identificas como hijo a cada una de las personas que quieras, te preguntan hijo de qué familia. Mientras haces esto puedes ir mirando el gráfico del árbol, aparecen cuadritos con los nombres y los vas moviendo libremente por la página, distribuyes a tu gusto. Eso es casi todo, también tienes la opción de editar y eliminar personas, familias, etc. Ah, y puedes incorporar la foto de cada uno. Lo único que no me gusta es el arbolito que aparece de fondo como adorno, y no se puede quitar.
Buscando una receta de sopa de miso, llegamos a la página web recetas japonesas de sabor japones.com; que cosa más linda. Si es verdad que el minimalismo es una opción estética válida, he aquí un ejemplo estupendo. Lo mínimo necesario para trasmitir el mensaje, pero desde la elegancia de un anonimato insólito, sin créditos, ni enlaces, ni res. Sólo un protagonista, la comida japonesa.
Por alguna extraña razón, en ciertos ambientes, parece que llevar zuecos fuera exclusividad de l@s enfermer@s. Los zuecos son el calzado más cómodo que he podido encontrar en la vida; te protegen los pies (y esto es importante cuando calzas un 35 y siempre estás al loro para no recibir un pisotón), los dedos pueden moverse libremente, te los quitas y pones en un segundo, te ves más alto (esto es importante cuando casi por milagro llegas al 1.60), no te cansas al caminar (perfectos los anatómicos forrados en piel), en verano los llevas sin calcetines y en invierno con; y finalmente… duran y duran como las pilas del conejito. Entiendo que la durabilidad no tiene mucho mérito en estos tiempos donde nos cansamos de ver lo mismo en el armario y hay que llevar ropa de temporada; pero si lo que quieres es un par de zapatos que no te encierren los pies y a la vez los protejan y que sean cómodos, cómprate unos zuecos.//. Me reencontré con ellos aquí en Palma, tengo mi par blanco con huequitos (cual enfermera) y mi par azul marino que con vaqueros van de maravilla. En Suecia los encuentras con florecitas, colores y dibujitos de todo tipo, básicamente en el modelo original donde toda la base es de madera, a mi me gustan más con base plástica aunque tengan menos glamour. De pequeña usé los del Dr. School (sip el de los productos para pies y los ¿consultorios? donde te hacían una pedicura que salías flotando) y los Berkemann, pero los odiaba porque tenían el borde levantado como cubriéndote una parte del talón, y cada dos por tres se me salían un poco y pisaba el borde y dolía mogollón. Después conocí una versión más sandalia que zueco que llevaban los monjes de la abadía de Güigüe llamados Birkenstock, y como pasa a veces, de ser algo raro terminó siendo una pijería tener un par de estas sandalias alemanas ultra cómodas.//. La última generación de zuecos, los Crocs, de plástico y de todos los colores imaginables ya forman parte del verano (los originales del cocodrilito y las mil imitaciones chinas). Yo me quedo con mis acolchonados blancos y azules y la paz de caminar todo el día y llegar a casita como nueva.


A veces definir lo cursi no es fácil; quizá porque todos tenemos una esquinita cursi en el corazón. Pero si te encuentras una cosa como esta, que además pasea de móvil en móvil, puedes usar la fígura retórica de la antonomasia para explicar “lo cursi”.//. Ah, el título de la obra es “Caricias, besos y mimitos”…




Foto Per Endström