pesadilla
Rayos y Truenos 10 de Junio del 2008
Esta mañana en el ensayo de la CUOM no me pude contener y les conté la pesadilla que había tenido de madrugada, ahora si que podrán decir que soy una directora cuenta-batallitas, pero es que a las 12 del día todavía me perseguía la responsabilidad!//. De pronto me avisan que tengo que cantar Norma y que el ensayo es casi ya, la orquesta ensayaría en la parte alta de un castillo al que se accedía por rampas interminables, no me sabía la partitura (¡por supuesto!) y el libro que me habían dado lo que traía eran explicaciones y fotos y diagramas de los montajes históricos de la ópera. Mientras subía y subía, pasaba las páginas buscando la partitura. La amiga que me había dado la noticia y que me acompañaba en el ascenso, me metía prisa y a la vez me decía no te preocupes. Yo pasa y pasa páginas y venga ver cascos romanos, túnicas druidas, y galos de todos colores (porque pa’ colmo era en colores). Al llegar al ensayo todos los solistas estaban sentados cuchicheando animadamente mientras Carlos Riazuelo repasaba algunos pasajes con la orquesta. Mi pánico aumentaba a cada segundo, ¿pero qué hago yo aquí?, ¡yo no me sé esta vaina!, el tenor que hacía de Pollione me sonrió con amabilidad (creo que leía en mi cara el terror más absoluto) y me dijo: no te preocupes, no es tan difícil como dicen, es una canción más, como tararear… lo peor es que parecía decirlo sinceramente. Yo seguía pasando páginas y preguntando en voz baja a mi ¿amiga? dónde estaba la partitura, que finalmente me pasó en una edición con una fuente tan mínima que apenas veía las notas. Me llama el director y me dice que la parte recitada (¿?) la puedo recortar porque quiere meter una marcha con unos 2.453 soldados (exactamente este número, atención a la lotería) y le falta tiempo, y yo, claro, perfecto. Ya aquí estaba ahogándome, y empezó una vocesita salvadora a decirme “Irina es una pesadilla, despiértate”, pero no me podía despertar; los cantantes se acomodaban para comenzar el ensayo en serio y Carlos me dice, venga Irina el ária… y la voz, “Irina despiértate”, y creo que un segundo antes de desmayarme en el sueño, abrí los ojos; desmesuradamente abrí los ojos. Pero medio segundo antes de abrirlos, supe que mi amiga esperaba el fallo para ofrecerse como solista, como por casualidad.//.
Que fuerte.




Foto Per Endström
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