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Educación 9 de Junio del 2008

Lo más laborioso de ser profe, para mi al menos, es poner la nota final. Un número que debe representar el interés demostrado, los conocimientos adquiridos, las destrezas desarrolladas, la asistencia. Hay asignaturas donde la asistencia no es obligatoria, el alumno se puede preparar los contenidos por su cuenta, presentarse al examen y listo. En todas las asignaturas que doy la asistencia es obligatoria, sólo tienen derecho a presentar examen los que han asistido a un 80% de las clases. Todos son estudiantes de magisterio. ¿Cuáles serán sus modelos docentes si no van a clase en la universidad?, ¿el recuerdo de cómo les enseñaron en el instituto?, ¿alguna maestra inolvidable de primaria?, ¿será que me gusto mucho como profe?.//. Intentar que cada asignatura no sea un trámite, que sea una experiencia significativa para los alumnos y para mi. Convencerles de que esto que hacemos al enseñar puede marcar una diferencia, que vale la pena, más allá de la posibilidad de ser funcionario y tener una hipoteca antes de los 30 años.//. Asistir a clase si vas a ser maestro es importante; mirar estilos y tener la oportunidad de contrastar, identificarte, distanciarte, e ir perfilando tu personalidad como docente. No dejarlo al azar, que sea parte de una reflexión que comienza conociéndote a ti mismo. ¿Qué tipo de profe puedo y quiero ser?.//. Y llega el momento de poner la nota a cada uno: ¿entregó los trabajos, asistió al 80% de clases, expuso lo que le tocaba, tuvo una actitud participativa, cuánto sacó en el examen?. Y entonces hay que ponerse la propia nota… ¿me fijé lo suficiente, corregí con equidad, revisé los trabajos, apunté las incidencias, traspapelé los justificantes?.//. Un largo proceso que termina con un número. Un número que lo cierra todo y que no abre ningún espacio de discusión ni reflexión.//. Después de corregir los exámenes finales (prácticos y teóricos) debería haber una gran clase magistral, sería la mejor del curso; has pensado en cada alumno individualmente, has revisado su historia y corregido su discurso escrito, has contrastado las fallas generales que te interpelan sobre tu trabajo, sobre la parte del mensaje que no llegó o llegó mal. Se podría entonces discutir sobre lo realizado porque sólo en ese momento cada uno tiene conciencia de lo que hizo o le faltó por hacer. Sería el último gran examen.



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