No es ninguna novedad comentar como en estos tiempos ser famoso (si famoso y rico, mejor) se ha convertido en el sueño de miles de personas. Cómo sabemos que alguien es realmente famoso? porque sale en los medios de comunicación. No porque publique libros importantes, presente nuevas teorías económicas, gane un premio Nobel o de conciertos impresionantes. Realmente eres famoso si tu cara está en la portada de las revistas más importantes de tu país. Y hay dos formas básicas de ser famoso, hacer cosas muy buenas (aquí entra también lo raro, cursi, comercial, “de moda” o “politicamente correcto”, además de los deportistas, políticos, artistas de cine, etc.) o hacer cosas muy malas. Los segundos son aquellos a los que la prensa se refería antes como “tristemente célebres”. Nunca me ha gustado ver la cara de los malos en portada, porque no deja de tener un tilín de reconocimiento que se presta a confusión. Si un joven despistado ve al violador austríaco que mantuvo a su familia ensotanada más de 40 años, saliendo en close-up en casi todas las revistas de su entorno, y no lee más allá (como es típico) se queda con la imagen del famoso, sin juicio alguno.//. Ser famoso y salir en portada es parte del sueño, no importa cómo ni por qué.//. Cerca de casa hay una papelería con una vidriera repleta de libros infantiles; hay cuentos clásicos y modernos, y una buena representación de libros tipo ”historia adaptada para niños”. Cada día pasaba por allí y había algo que me chocaba, pero no terminaba de ubicar qué era. Hasta que lo pillé: “La segunda guerra mundial en cómic”… como si no fuera suficiente culturizar las mentes infantiles con semejante tema, la portada, una simpática caricatura del Führer.//. Planté a las peques frente a la vidriera con una micro explicación de lo malo malísimo del personaje, ¿hace falta comentar la sutileza necesaria para dar una dimensión de maldad sin la ayuda de detalles tipo cámaras de gas, campos de concentración, exterminio, etc?. En fin que ahora cada día, Luci ve al bigotón de la portada y le dice moviendo rítmicamente el dedo índice: “malo, malo, malo”… pero esto no deja de tener cierta gracia… y no me gusta.
Aquí la foto de la vidriera…
