aguas profundas
De la vida y de la muerte 4 de Junio del 2008
Leo el escándalo destapado por ong’s que denuncian los abusos sexuales, pederastia y esclavismo sexual por parte de soldados pertenecientes a las tropas destacadas en Oriente Medio y Africa, muchas de estas tropas en misión de paz. Leo sobre la red de pederastas que acaban de desarticular en España, incautados no sé cuántos discos duros, portátiles y dvd’s repletos de imágenes de pornografía infantil, hombres de todas las profesiones y edades imaginables, algunos de 19 y 20 años. Pienso en el acoso sexual en el trabajo y otras instituciones, por ejemplo dentro del sistema educativo donde pasan cosas que no trascienden.. en Caracas, aquí y en Pekín. Recuerdo al tío que te tocaba un pecho como por descuido cada vez que tenía oportunidad, o una compañera que me contaba como su profe de piano haciéndose el pendejo la medio manoseaba cada vez que podía. Veo los clasificados de oferta sexual, páginas y páginas con opciones de todo tipo. Veo los kilos de revistas y vídeos de sexo en kioskos y papelerías. Pienso en la violencia de género, la prostitución miserable de sin papeles, el sexo conyugal obligatorio.//. El 99% (¿99.9%?) de todo esto está protagonizado o consumido por hombres.//. La sexualidad masculina como un lastre evolutivo, como una inferioridad, como una amenaza potencial. Todo varón como un posible agresor, con la fuerza física y la capacidad de atemorizar y amedrentar.//. La lucha de género (por qué mejor no decir “guerra”) con una clarísima base hormonal.//.
La sexualidad como arma.
Que me perdonen mis amigos hombres, pero es que el tema da miedo. Y rabia.




Foto Per Endström
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