María 1: “Cuando entré pensé, jodí mi vida”

María 2: “Me lo busqué, quería dinero rápido”

María 3: “Lo haría de nuevo, ese cabrón se lo merecía”

Los comentarios de Juan 1, Juan 2 y Juan 3 son iguales. A todos les unen dos cosas; están presos, y desean salir algún día.//. Cuando menos se lo esperaban apareció  el Gran Proyecto, así con mayúsculas, un plan para humanizar las cárceles a través de la música. ¿La idea? del incansable José Antonio Abreu, la propuso al ministerio del Interior y Justicia y aunque usted no lo crea, fue aceptada y desde hace once meses comenzó este extraordinario proyecto.//. Durante las clases, ninguna de las Marías y Juanes hablan de los delitos cometidos, es una norma de la orquesta, nada de remover historias que cultiven el morbo. Una de las Marías cuenta que tiene una hermana violinista en la orquesta de Barquisimeto, capital del estado Lara en el centro-occidente del país, y dice que pensaba que no sería capaz de sentir la armonía de la música. No conocen a Dudamel o a Edison Ruiz, hablan de Henry Ávila un interno que aprendió a tocar batería y después de quedar en libertad absoluta fue empleado  por el Sistema  Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles.//. En cada una de las prisiones el Sistema de Orquestas sigue el mismo método usado en los Núcleos, la diferencia reside en que la orquesta está dividida por sedes penitenciarias, en una las cuerdas, en otra los vientos y en la tercera la percusión. Este plan piloto ha comenzado en tres cárceles y se espera que a finales de año se incorporen dos más.

Después de once meses los tres núcleos actuaron por primera vez juntos, “Íbamos asustados, -dice María 2- fue fantástico; pese a las esposas y los dos guardia por recluso, no me sentí presa.//. Juan 1, comenta: “La música es una forma de dejar lo malo atrás, cuando la vivo me siento más allá de la cárcel”.

Versión libre de la corresponsal Cate Cap sobre lo nuevo que está pasando en el Sistema.



Dejar un comentario