Esta es una frase que de vez en cuando escuchaba allende los mares, hacía referencia a que las cosas que se dan gratis se valoran poco o nada, independientemente de su coste auténtico o del grado de esfuerzo que requiera su realización o preparación; en su peor pronóstico, las cosas gratis hasta se terminan despreciando. Por ello siempre hay que cobrar. Lo gratis tiene además otro peligro, le gente se acostumbra y le termina pareciendo normal, por lo que exige más y más y da menos y menos a cambio. Las cosas públicas que son de todos y no son de nadie son un buen ejemplo, y la educación pública es mejor ejemplo aún. Hace 15 años se hablaba en mi país del alto nivel de la educación pública en España y se traían profes y especialistas españoles a Venezuela para que nos explicaran cómo lo hacían. Sabíamos del filtro de las oposiciones para acceder a la docencia pública lo que garantizaba un alto nivel del personal docente, y además, comentábamos que los educadores españoles recibían buenos sueldos, lo que dignificaba su trabajo aún más.//. La cosa parece que ha cambiado bastante, los políticos que deberían dar ejemplo en defensa de la educación pública tienen a sus hijos en colegios privados y hasta los mismos profesores que dan clases en institutos del estado ponen a los hijos a que les enseñen en la concertada.//. Cuando algunos sectores del profesorado de “la pública” reciben críticas por su falta de compromiso con los alumnos, su dejadez o su infinita capacidad para coger bajas de todo tipo, la respuesta ofendida es que sus centros se han convertido en guetos de inmigrantes y delincuentes juveniles, y así no hay quien pueda. La educación gratuita que primero fue un logro y un orgullo nacional ahora queda para los recién llegados y los obligados a terminar la ESO como sea.//. ¿Es que si se cobrara cambiaría la situación?, no lo sé, pero en una sociedad del bienestar y el consumo habría que dar algo a cambio por recibir formación (algo a cambio puede ser, por ejemplo, la obligación de estudiar si estás matriculado). Hay una confrontación entre la educación pública (con gente que no quiere estudiar y profes sin ilusión de enseñar) y una sociedad donde todo tiene precio, y el dinero, no la cultura o el conocimiento, es lo que marca la diferencia entre las personas.//. Siempre que me he embarcado en proyectos altruistas, dando agua al que no tiene sed, o empujando proyectos por amor al arte, he terminado con una sensación de estafa, cansada y desilusionada, y más pronto que tarde he tirado la toalla. Hay que enseñar a los que quieren estudiar, a los que quieren cantar, a los que quieren aprender; y estos tienen que dar algo a cambio, su esfuerzo, su disposición, y llamando al pan pan, tienen que pagar por ello. Las cosas importantes, las buenas y las valiosas, tienen que costar; porque en el mundo real, nada es gratis.




Foto Per Endström