paraguas
Rayos y Truenos 19 de Mayo del 2008
Que gran objeto es el paraguas. Pasa desapercibido totalmente hasta que caen las gotas y entonces se convierte en el protagonista del día. Te odias si has salido sin paraguas y comienza a llover, en ese momento eres inferior al resto de la humanidad que circula bajo el ala protectora de SU paraguas; y te sientes super orgulloso de ti mismo cuando lo llevas y muy orondo lo abres a la primera gota, ¡ajá lluvia, a mi no me vas a fastidiar! y plop, le das al botoncito y apuntas hacia el cielo, feliz. Además los paraguas también tienen sus misterios, por ejemplo, ¿de dónde salen los paraguas?. En mi casa hay como diez o doce aunque yo recuerdo haber comprado dos, uno de Barbie y uno de los chinos que me costó 3 euros. Lo más interesante es que no siempre son los mismos, a veces me encuentro uno de cuadritos, otro día uno de flores y también uno verde. Van y vienen, paraguas de promoción de bancos, paraguas manga corta y manga larga, ultra livianos, y paraguas aristocráticos. Hace años que decidí no comprar de estos últimos porque los dejaba en todas partes y después no me acordaba dónde, era una mala inversión; casi como los bolis buenos, he perdido varios Paper Mate, uno Cross, uno Parker de oro que tenía grabado el nombre de mi papá (bueno, este me lo robaron y todavía me duele; pero el tema de los bolis es para otro día).//. En Venezuela parece que no venden paraguas porque cuando llueve todo el mundo se cubre con periódicos, da risa pero es verdad. Hace 10 años se lo contaba a Emili y no me lo creía, hasta que estando en Caracas en una heladería de Las Mercedes se desató una de estas tormentas tropicales que cae sin aviso y sin protesto, y la gente empezó a correr con sus periódicos en la cabeza; y entonces creyó porque vio. Como allá siempre hay sol, parece que siempre va a haber sol, aunque llueve con frecuencia; no es García Márquez, es así.//. Hoy me fui a dar clases a la UIB con mi paraguas de tres euros, llegué bajo el paraguas y salí bajo el paraguas, y estoy de lo más contenta.




Foto Per Endström
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