Existe un periódico que se llama “Marca” (lo sé porque he visto la portada alguna vez) y en la prensa diaria hay un montón de páginas dedicadas al deporte, especialmente al fútbol y después a aquellos en los que el país tenga algún campeón, si es un tenista habrán páginas de tenis, de balón mano, motos, coches, esgrima o taewondo. Acabo de resumir en tres líneas mis obervaciones básicas sobre el mundo deportivo en prensa. Me gusta leer el periódico desde el final: última página, cultura, cartelera, vuelo rasante por los clasificados, salto olímpico por los deportes, locales, sucesos, internacionales, temas de primer orden y portada. Alguna vez he intentado leer una noticia deportiva, especialmente cuando escribe alguien que no es cronista deportivo, sea una alcaldesa o un intelectual, nunca llego al final; no me interesa, no me emociona, no me dice nada. Qué cosa tan rara, a mi que me gusta todo, el deporte organizado es como si no formara parte de mi código genético, para mis sentidos no existe. Más interesante es saber que a la mayoria de las mujeres les pasa igual y a los hombres todo lo contrario, a todos (siempre podemos dejar la duda razonable de la excepción, quizá haya un hombre que pase del deporte, un supuesto negado, una entelequia, pero puede ser vamos). Y paso a la anécdota. Me cuenta una amiga que se va de cena romántica con su esposo, que no es apasionado del futbol al punto de que es capaz de salir a cenar en una noche que coincide con un Madrid-Barça (impresionante), llegan al restaurant y, craso error, ella se sienta de espaldas a la tele, esta tele siniestra que hay en toda fonda, taberna, bar de tapas o restaurant normalito (menos en los étnicos - ajá a que no se habían dado cuenta) y que siempre está encendida aunque sea sin volumen. Comienza la cena y comienzan las miraditas furtivas, y aunque parece que no, que él la escuchaba y atendía la conversación, su espíritu ya había sido poseído, me cuenta que en el clímax del disimulo cuando ella casi pensaba que efectivamente estaban juntos en el mismo lugar, donde la musiquita sonaba amablemente, el mantuvo la respiración por un extraño segundo y musitó contenido… Gol! 



Un comentario en “batalla perdida”

  1. Emili | 12/05/2008 a las 09:12:09

    Por lo que me cuentan, esta mujer tiene una nuera aficionada al deporte a la que le encanta ver el fútbol. Y también una hija que disfruta jugnao fútbol con sus amigos y alguna amiga, sobre todo si mete gol. Lo de “a la mayoria de las mujeres les pasa igual” quizás tenga que ver como bien dice la autora con el código genético, porque me han dicho que la madre de esta mujer sufre semejante alergia a la práctica del deporte organizado.

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