
Preguntas: ¿hay una edad en que se claudica en cuanto a las pretensiones románticas?, ¿progresivamente lo romántico se convierte en una cursilada?, ¿el amor adulto implica automáticamente renunciar al beso del portal, las flores, las sorpresas, los halagos, la escucha atenta y la mirada embelesada?. ¿La máxima iba de que el matrimonio era la tumba del amor o de que la vida real no admite divagaciones amorosas?. ¿En qué momento el amor deja de ser tema de conversación en las parejas estables?…//. Y todo esto viene a que me acabo de devorar dos de los tres tomos de una novela super romántica. “Crepúsculo” y “Luna nueva” (me falta “Eclipse”) de la norteamericana Stephenie Meyer. Va de vampiros, adolescentes enamorados, familias unidas, amistad, poderes especiales, licántropos y levemente de la reflexión sobre la existencia de otros humanos; por qué si de los demás bichos sobre la tierra hay diferentes especies, del hombre solamente tiene que haber una?. En fin que mi hija Catalina (17 añitos, la misma edad de la prota) me tenía hasta el moño con el “léetela mami porfi”, que me iba a encantar que era super tierna y guay. Y así, después de que los libros de Harry Potter pasaron por “casi” todas las manos de los miembros adultos de esta familia, le ha tocado a “Crepúsculo” y sus secuelas, entre Cata y Zoltan y ahora la mamá al menos el primer tomo creo que ha sido leído unas ocho veces, y se le nota.//. Es literatura juvenil en el sentido en que el marco, los protagonistas y casi todos los sentimientos expresados se corresponden con las edades donde florece el interés sensual por los demás, donde las emociones recien descubiertas se visten de ilusión, anhelo y ensoñación en todo lo que vemos. Se ha convertiro en best seller millonario porque tiene los condimentos que le reconocemos a este tipo de libro, y además es una mezcla de “Romeo y Julieta” con “La Bella y la Bestia”, así que con estos modelitos el amor está servido. La escritura fluye y es divertido… y te hace recordar, y una cierta nostalgia inevitablemente flota mientras lees. Y de vez en cuando paras y piensas que relativamente pronto cumplirás cincuenta años y que deberías estar preparando las clases del lunes en vez de estar leyendo de frios y protectores... Pero hay cosas que no cambian, y te vuelves a sorprender al redescubrir que el romanticismo no se cura.




Foto Per Endström