Cuando vivíamos en el casco antiguo de Palma le hacía el chiste a Emili de que el catalán no existía, que era una entelequia o una leyenda, porque entre el Borne, Jaime III y la calle Unión escuchaba más alemán y castellano que mallorquín. Luego salimos del corazón turístico y empecé a escucharlo más; y más cuando entré a la Universitat de les Illes Balears, y más cuando conocí los pueblos de Mallorca, y más cuando conocí y hablé “más” con mis alumnos que venían de esos pueblos. Y resulta que era verdad, que hay gente que habla catalán porque su mamá habla catalán y sus abuelos también; que cantan en esta lengua y recitan y hacen glosas, que no se la inventaron ayer vamos, o sea, que no era para “echar vaina” ni para hacerse los chulitos y molestar a los que vienen de la península.//. La cosa se pone más interesante cuando te enteras que estuvo prohibido hablarla, que en el cole sólo se podía hablar en castellano y si lo hacías en mallorquín te castigaban, y algunas familias se convencieron de que eso que hablaban tenía menos categoría que la lengua del estado así que en casa hablaron en español y los hijos no aprendieron a escribir en catalán, que era una lengua de segunda, aunque no les sonaba raro lo que hablaban los abuelos y medio la aprendieran a hurtadillas.//Se muere el dictador y los callados se alzan, tenemos una lengua propia dicen, lengua que implica cultura, literatura, historia, familia, música, poesía. Y resulta que son un montón quienes hablan lo que ya hablaba y escribía Ramón Llull en el S. XIII. Que si hablas esto, te entienden en Valencia y en Catalunya y por supuestísimo en las Baleares. Y aunque en cada lugar se habla distinto (como nos pasa a nosotros con el español de Argentina o de Cuba o de Venezuela que suenan distinto pero todos en el cole aprendemos español -que me gustaría más decir castellano pero en fin- y luego lo matizamos en casa), si viajas por els països de parla catalana, como nosotros por sudamérica, hablas lo mismo: nos entendemos.//. Y esto que habla toda esta gente se llama catalán, se podría haber llamado mallorquín porque Llull es de aquí, pero se llama catalán, que son los catalanas más y parece que hablan y pisan más fuerte, pero eso es otro tema. Si sumas los que hablan catalán son millones, pero si separas y sólo cuentas los que hablan valencià, català, mallorquí o ibicenc, vuelven a ser poquitos; vuelven a hablar lenguas minoritarias, vuelven a ser vulnerables. Y siempre es más fácil repartir el pastel entre los grandes y dejar las migajas a los pequeños.