Así describe Alfred Nobel en su testamento la condición para recibir el premio que lleva su nombre. Otra traducción del sueco que he encontrado es “a la persona que haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la literatura” (den som inom litteraturen har producerat det utmärktaste i idealisk riktning). Al comienzo del testamento (París, 1895) explica que con su fortuna se creará un fondo “cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad” en los campos de la física, química, literatura, paz y fisiología o medicina.//. Estos datos vienen a cuento por la polémica que se duerme y se despierta cada tanto por la posible nominación de J.K. Rowling al Nobel de literatura. Han opinado figuras como José  Saramago (negativamente, aunque confiesa no haber leído ninguno), el crítico americano Harold Bloom (más negativamente), Isabel Allende (positivamente), George Steiner (positivamente). Daniel Herrendorf  en nombre del Fondo de cultura y mecenazgo del sur, propone desde 2003 a la Academia Sueca que considere la obra de Rowling para el Premio Nobel de Literatura, petición que venía reiterando anualmente (falleció en enero de este año).//. La traducción a 65 idiomas, los 375 millones de ejemplares vendidos, los innumerables premios que ha obtenido la integral de Harry Potter o las distinciones que JK ha recibido (entre ellas el incuestionable honor de pronunciar el próximo 5 de junio el discurso de clausura de curso en la Universidad de Harvard) son datos significativos, nos hablan de muchas cosas y cosas muy diferentes. Quisiera comentar mi experiencia con la lectura de la obra de J.K. Rowling y la vivencia familiar entre lectores de Harry Potter y como nos ha afectado… y será más breve que esta introducción, lo prometo.



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