Chávez se refiere a la oposición como los escuálidos. Escuálido es macilento, flaco, descolorido, por extensión del uso chavista diría que también quiere decir medio cobardón, acomodado, incapaz de luchar. Fuera de Venezuela oímos dos discursos, el de los escuálidos y el discurso oficial. Sé cómo sienten los primeros, las quejas sobre las carencia obvias, el obstruccionismo a las empresas y el desprecio a la clase media (bueno, lo que nosotros llamábamos clase media… pero esto es otro post). Apenas descubro los sentimientos de los segundos, que también son gente y que creen en su vaina, y que siguen creyendo aunque algunos confiesen sus ataques de escualidez, sus momentos de decepción de la cursilada de la revolución bonita, sus dudas. He encontrado una página que le revolverá el estómago a los que leen desde la oposición, pero a los que perseveren un poco les dará luces sobre un proceso más social y antropológico que político. Al final se cita un monólogo de Orlando Urdaneta, un famoso (y querido) actor y opinador venezolano que ahora está asilado en Miami. Fue duro leer sus frases de desprecio contra los chavistas, contra esta gente tan fea. Sólo puedo decir, que esta gente siempre había estado allí, en todas partes, rodeándonos pero invisibles a nuestros ojos.
http://foro.revolucionaldia.org/viewtopic.php?t=1982&sid=1120282ccfd59d2abbbefffbad2eeaee
Se dice que hay dos Españas, básicamente una conservadora y una progre, ahora sabemos que siempre existieron dos Venezuelas una callada y resentida y la otra espabilada, la que venía escribiendo la historia. No me gusta Chávez y no me gusta el chavismo, porque no me gusta la exaltación de la ordinariez y la ignorancia, ni de ninguna manera me puedo sentir representada por una caricatura de presidente; pero me gusta menos la incapacidad de entender el hilo de justicia divina que hay en este terremoto bolivariano.



Foto Per Endström
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