Mi amigo el que escribe profesionalmente; esto es que vive de eso, paga la hipoteca, los giros del coche, la compra y las flores para su esposa, con el teclear de sus dedos, me contaba, en eras preinformáticas, que necesitaba un cierto tiempo de preparación antes de afrontar-enfrentar la escritura, le decía (y supongo que todavía lo hace), cortejar el ánimo. A ver como era… la máquina de escribir a punto, de un lado los folios ordenados y del otro lápiz rojo y azul, un wiskicito on the rocks, que campaneaba un buen rato, dar unas vuelticas por ahí, mirando de soslayo la máquina; y finalmente sentarse y entrompar el trabajo.//. Ahora tengo al lado la lista de pendientes: definir el material que entregar a los alumnos para tres asignaturas, dos artículos por terminar de corregir (uno con Toni Mir sobre el fondo Alemany de repertorio de guitarra y el otro del guitarró), rellenar los impresos para un proyecto de atención a la diversidad, empezar a copiar en Finale una obra coral para la UOM, y varias cositas de las casa tipo técnico del lavavajillas y bombillas del estudio. Por dónde empezar… los días de vacaciones van pasando y la lista sigue intacta. No consigo ni comenzar el cortejo, y no tengo scotch en la despensa.



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