Este es un viejo enlace pero no ha perdido su gracia, así que lo copio para que os entretengais un poco. Vale la pena llegar a los acontecimientos y cumpleaños de famosos. No es por nada pero yo me veo más joven que Bono, Antonio Banderas y Lorenzo Mila, ni qué decir de Maradona… y somos todos del 60! :0)
En Venezuela un reclamo es una queja o un regaño, reclamamos sobre algo que no nos ha gustado o que hemos echado en falta, y lo decimos así “no me reclames”, “me vino con un reclamo”. Mi mamá me reclama, pero creo que aquí el contexto es el cinegético, aquél del reclamo amoroso para que la perdiz se acerque, si no tengo nostalgia de mi tierra. La respuesta básicamente es no. Pero no es justo dejarlo allí porque suena desinteresado, desarraigado casi una negación de la propia historia. Y creo que lo interesante está en analizar la nostalgia en si misma, más que si el terruño me la provoca. La nostalgia requiere tiempo, un dejarse llevar por los recuerdos, una evocación permanente de lo que no está, de lo que se dejó atrás, de lo perdido. La nostalgia tiene además una mezcla de irrealidad, de cosa idealizada. Y la verdad es que en ese sentido no tengo nostalgias. Veo hacia atrás y encuentro una historia con muchos capítulos que me gustan, en un lugar con paisajes queridos y muchos rostros que me hacen sonreir, unas veces con picardía, muchas con ternura y las más con un profundo afecto. Pero no son recuerdos nostálgicos como por ejemplo si lo son algunos de la infancia, como los de todo el mundo, supongo, si has tenido una infancia mínimamente bonita y sana. Pero hasta estas nostalgias se desactivan si el presente esta pleno de actividad gratificante, si hemos tenido un poco de suerte y nos hemos rodeado de nuevos afectos y gozamos a diario de un entorno inmediato cálido y alegre. La alegría es la mejor medicina contra la nostalgia, me parece, y me tomo dos saludables cucharadas diarias.
Otra cosa es la ilusión de volver, la emoción de los reencuentros, la anticipación del gusto por comerme un sancocho con una buena ración de queso guayanés, bailar con Los Melódicos e irme de tiendas con la madre que me parió. ![]()
Mi amigo el que escribe profesionalmente; esto es que vive de eso, paga la hipoteca, los giros del coche, la compra y las flores para su esposa, con el teclear de sus dedos, me contaba, en eras preinformáticas, que necesitaba un cierto tiempo de preparación antes de afrontar-enfrentar la escritura, le decía (y supongo que todavía lo hace), cortejar el ánimo. A ver como era… la máquina de escribir a punto, de un lado los folios ordenados y del otro lápiz rojo y azul, un wiskicito on the rocks, que campaneaba un buen rato, dar unas vuelticas por ahí, mirando de soslayo la máquina; y finalmente sentarse y entrompar el trabajo.//. Ahora tengo al lado la lista de pendientes: definir el material que entregar a los alumnos para tres asignaturas, dos artículos por terminar de corregir (uno con Toni Mir sobre el fondo Alemany de repertorio de guitarra y el otro del guitarró), rellenar los impresos para un proyecto de atención a la diversidad, empezar a copiar en Finale una obra coral para la UOM, y varias cositas de las casa tipo técnico del lavavajillas y bombillas del estudio. Por dónde empezar… los días de vacaciones van pasando y la lista sigue intacta. No consigo ni comenzar el cortejo, y no tengo scotch en la despensa.



Foto Per Endström