computadoras

Nuevas tecnologías 21 de Marzo del 2008

Hace 20 años compré en Caracas mi primer portátil, era finales de 1988, y fue un Toshiba que terminé odiando (en la tienda no tenían batería de repuesto, no había servicio para la pantalla monocromática ni para nada realmente y tenías que enviarlo a JAPON si había problemas). El odio fue tal que de hecho lo lancé a la basura aquí en Palma después que en una tienda que compra tecnología de segunda mano me dijeron que no les interesaba. Salí furiosa y lo lancé con manuales, maletín y todo en un contenedor. Emili me acompañó en silencio y cuando subimos a la furgo me arrepentí, primero porque pensé que en el futuro me reiría de aquello y tendría mi fósil informático que mostrar, y después por los manuales que por ejemplo traían todos los códigos de letras y símbolos, desde notas musicales hasta el símbolo de copyright que nunca sé en qué números está. Dimos la vuelta y había desaparecido del contenedor… que quedaba casi enfrente de la tienda en cuestión.//. La primera sala de ordenadores que visité pertenecía a la facultad de ciencias de la Universidad Central de Venezuela (1979), las compus que tapizaban las paredes eran como neveras pero de las altas, con par de rollos de cinta que giraban rapidísimo y hacían bastante ruido. Como tenía un amigo especial que estudiaba ingeniería eléctrica le acompañaba mientras hacía sus deberes, hojas y hojas de papel continuo rellenadas a mano con miles de líneas de código que se convertían después en tarjetas perforadas rosadas y blancas. Luego venía la fase de “correr el programa” que podía durar toda la noche, si no se atascaba la cosa. //. La primera compu de mesa que tuve, con su impresora matricial (ni se te ocurriera imprimir de noche si no querías quejas de los vecinos) y su pequeño monitor de letritas verdes, usaba dicos flexibles de 5 y un cuarto. Escribía usando wordstar y tenía que aprender de memoria bastantes comandos del sistema operativo MS-DOS si quería que la cosa fluyera más o menos rápido. El único uso que le daba era como procesador de palabras y me sentía felíz y sin remordimientos frente a la maquinita de escribir Olivetti que descansaba a un lado del escritorio. Que maravilla poder corregir un texto sin dañar el papel, cambiando de formato, de tipos de letras, poder guardar un documento y abrirlo cuando quisieras y volverlo a cambiar, era milagroso. Cuando llegaron los discos de 3,5′ me entró pánico porque mi compu no tenía ranura de expansión y mi papá me regaló entonces una compu nueva con DOS ranuras y un monitor un poco más grande… de 12 pulgadas!//. El tango dice que 20 años no es nada, pero Alfredo Le Pera no sabía nada de computadoras…



Un comentario en “computadoras”

  1. Eugenio | 21/03/2008 a las 14:23:46

    Todo ese proceso de avances tecnológicos, yo lo viví en el Banco en que trabajé casi toda mi vida laboral. Tuve que ir reciclándome a medida que avanzaban las técnicas de contabilidad y liquidación de cuentas: desde pasar la noche del 31 de dic. prácticamente en el Banco liquidando cuentas “a mano”, manejando una tabla de intereses, hasta que nos dijeron que olvidáramos las fichas impresas que recogían los movimientos de las cuentas de los clientes. Recuerdo que ordené al Interventor de la oficina que, durante un mes, llevara simultáneamente ambos sistemas… por si acaso. Posiblemente sea la banca la que antes y mejor ha adaptado sus procedimientos a las nuevas tecnologías o quizá es que se trata del único sector económico que conozco un poco.

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