El viernes santo de 1990 hicimos con la agrupación Musicam sacram la Pasión según San Juan de William Byrd, que intercala la participación de los protagonistas en recitado litúrgico (gregoriano) con coro polifónico a tres voces (tiples, tenores y bajos) que canta las exclamaciones plurales (”Iesum Nazarenum“, “Non hunc sed Barabbam”, “Crucifige, crucifige eum”...). La noche anterior reuní a los solistas en casa, Roberto Ojeda llevaba la gran responsabilidad del evangelista, Carlos Gómez con su bella voz de bajo era Jesús y Jaime García, estupendo, hacía de Pilato y las demás intervenciones puntuales (synagoga). Esa noche leímos en voz alta toda la Pasión; y aunque la cantarían al día siguiente en latín, fue importante escuchar cada versículo en castellano y sentir y entender palabra por palabra el significado y la gravedad de las Escrituras. Recuerdo claramente cómo me impresionó el pasaje que da título a estas líneas…
“Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque aquél sábado era muy solemne- le rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vió lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura que dice: Mirarán al que traspasaron”. (Biblia de Jerusalén)




Foto Per Endström