Es la 1.24, ya me quité el maquillaje, me cepillé los dientes, hice un poco de cotilleo con mi compañera de habitación, na Joana Oliver, profesora de técnica vocal del coro, solista y amiga; y ahora estoy en la camita con el portátil sobre las piernas. El concierto estuvo estupendo, casi hora y media sin intermedio y al final tenía ganas de más música. Tengo que decir que los Mestres han crecido; en afinación, en atención, interpretativamente. Estoy contenta aunque conciente del trabajo pendiente y de los puntos débiles que requieren refuerzo (suena a discurso de político, pero es tal cual). Los dos conciertos previos al viaje a La Senia fueron importantes porque prepararon el camino, soltamos el repertorio y vivimos la cercanía del público. //. Por la mañana habíamos turisteado: Delta del Ebro, San Carles de Sa Rapita y Tortosa, donde comimos. Me gustó esta ciudad, a ver si hay oportunidad de volver sin prisas. //. Con un grupo coral que ensaya una vez a la semana, la oportunidad de estar casi tres días juntos es vital para conocernos, descubrirnos y valorar el material tanto musical como humano que tenemos. Para la comida el grupo se separó (viajamos casi 50 personas ) y fuimos a diferentes restaurantes. En “La Sidrería” éramos 28 y hubo un momento muy lindo en que cada uno se puso de pié y dijo su nombre; caray cantamos juntos hace bastante y de muchos ni los conocíamos. Ahora hay menos incógnitas y más gente a quien llamar por su nombre. //. Después del concierto cenita con la coral de La Senia (por cierto su directora es casi una muchachita, tiene 25 aunque aparenta 20 o menos). Sacar la guitarra y los cancioneros que llevábamos preparados (otro acierto del equipo organizador), aquí se unieron las dos corales y terminamos cantando las típicas canciones de despedida agarrados de las manos. Cansados pero contentos.
Mañana domingo, medio día de turismo y vuelta a casita.




Foto Per Endström