notas y notas… para los mestres cantaires
Música 6 de Marzo del 2008
Un sonido puede ser más agudo o más grave que el siguiente. Un sonido puede ser más corto o más largo que el anterior. Un sonido puede ser más fuerte o más débil, o igual que otro. Todo esto se expresa en las partituras, lo primero a través de las notas que nos hablan de alturas, de la frecuencia de la onda sonora; lo segundo a través de las figuras rítmicas que nos distribuyen los sonidos en el tiempo. A la intensidad del sonido, los decibelios, nos acercamos con términos italianos, p, ff, mf. Luego vienen las articulaciones, cómo atacas un sonido, cómo nace desde el silencio y cómo lo relacionas desde esta fuerza o suavidad del arranque con el sonido siguiente y el que viene después que puede ser más piano o más forte, más agudo o más grave. Parece mucho y sin embargo todavía no llegamos a la interpretación. Porque la partitura te explica los materiales y su organización, te describe los fenómenos acústicos en unas coordenadas internacionales convenidas, casi matemáticas. Pero luego viene el aliento, la vida de la música que respira y que es más que bellos timbres afinados. Casi siempre nos quedamos aquí, que esté afinado, que hagamos matices (un crescendo, un diminuendo, un piano aquí y un ritardando allá). Pero hay más, hay que descubrir las tensiones y manifestarlas, la tensión entre una nota y la siguiente, el sentido de la frase, la preparación del clímax. Los que cantamos tenemos la gran ventaja de que el texto poético nos ayuda, primero recitamos y después cantamos, el texto nos conduce. En una palabra llana es obvio que la primera sílaba tiene más fuerza que la segunda, y en una aguda que la tensión va hacia la última. Pero no cantamos palabras aisladas, hay una frase y hay una idea mayor que la contiene, y dentro de un crescendo hay jerarquias entre los sonidos que aumentan de volumen. Hay que sentir y buscar, a través de un mayor control técnico de la voz pero también de una escucha más activa, estas relaciones de tensión, este estira y afloja que le da movimiento a la música, que la hace respirar y que marca la diferencia entre lo bueno y lo mejor. Pero sobre todo, no hay que conformarse, es necesario querer más.




Foto Per Endström
La música, como todo el arte, tiene que emocionar; si no, no es arte, aunque se interprete perfectamente todo lo escrito en la partitura o los colores estén perfectamente reflejados en el lienzo. Para poder transmitir emoción al auditorio, primero tenemos que sentir nosotros esa emoción. Nos ayudarán, como tu dices, las anotaciones del compositor, la letra, la rítmica, pero hay algo más profundo que tiene que salir de nuestro espíritu artístico. Por otra parte, es lo más gratificante cuando cantamos: sentir esa emoción que nos embarga y nos transporta a un mundo del espíritu.
Quizas eso que esta “mas alla” de la partitura sea todo nuestro presente al tocar algo (ese presente incluye todo lo pasado pero intuye el futuro, pues no sabemos como terminara la obra), Hace poco vino Mirella Freni; echando a la basura casi todos los “nuevos” cantantes. Con ella oi una soprano coreana: excelente tecnica, buena interpretacion, pero… faltaba ese “algo mas” que en el momento de oirla no sucedio. Tal vez sea el duende de Lorca. Al contrario en otros conciertos sabes que todo va fatal pero de repente pasa algo que cambia todo; eso que a pesar de hacer toda la partitura correctamente (o casi) no se puede escribir en las convenciones graficas hasta ahora. Recuerdo la secuencia 3 de Berio, para soprano. Quizas se acerca a otro modo de escribir mas en contacto con lo interno en el interprete. Pero bueno, todo es relativo..
Mateo