Un sonido puede ser más agudo o más grave que el siguiente. Un sonido puede ser más corto o más largo que el anterior. Un sonido puede ser más fuerte o más débil, o igual que otro. Todo esto se expresa en las partituras, lo primero a través de las notas que nos hablan de alturas, de la frecuencia de la onda sonora; lo segundo a través de las figuras rítmicas que nos distribuyen los sonidos en el tiempo. A la intensidad del sonido, los decibelios, nos acercamos con términos italianos, p, ff, mf. Luego vienen las articulaciones, cómo atacas un sonido, cómo nace desde el silencio y cómo lo relacionas desde esta fuerza o suavidad del arranque con el sonido siguiente y el que viene después que puede ser más piano o más forte, más agudo o más grave. Parece mucho y sin embargo todavía no llegamos a la interpretación. Porque la partitura te explica los materiales y su organización, te describe los fenómenos acústicos en unas coordenadas internacionales convenidas, casi matemáticas. Pero luego viene el aliento, la vida de la música que respira y que es más que bellos timbres afinados. Casi siempre nos quedamos aquí, que esté afinado, que hagamos matices (un crescendo, un diminuendo, un piano aquí y un ritardando allá). Pero hay más, hay que descubrir las tensiones y manifestarlas, la tensión entre una nota y la siguiente, el sentido de la frase, la preparación del clímax. Los que cantamos tenemos la gran ventaja de que el texto poético nos ayuda, primero recitamos y después cantamos, el texto nos conduce. En una palabra llana es obvio que la primera sílaba tiene más fuerza que la segunda, y en una aguda que la tensión va hacia la última. Pero no cantamos palabras aisladas, hay una frase y hay una idea mayor que la contiene, y dentro de un crescendo hay jerarquias entre los sonidos que aumentan de volumen. Hay que sentir y buscar, a través de un mayor control técnico de la voz pero también de una escucha más activa, estas relaciones de tensión, este estira y afloja que le da movimiento a la música, que la hace respirar y que marca la diferencia entre lo bueno y lo mejor. Pero sobre todo, no hay que conformarse, es necesario querer más.



Foto Per Endström