Cuando leemos la biografía de algún gran escritor siempre hay referencias sobre qué libros había en su biblioteca, qué leían, o qué pretendían leer pues como dice (presente obligatorio) Borges, una biblioteca es siempre un proyecto de lectura. Con los compositores pasa lo mismo. Sigo trabajando en el Fondo de Antoni Torrandell (Inca 1881-1963) y ahora me acerco al de Antoni Matheu (Palma 1933-1984) discípulo del primero, y junto a las obras de cada uno aparece gran cantidad de música impresa. En Torrandell, de quien se lee en diversas notas biográficas que fue además de compositor, gran pianista (hizo carrera super exitosa en Paris), encuentro muchas partituras de Chopin y sobre todo Litsz; y ya no me lo tienen que jurar, si tocaba Listz tocaba mucho. Entre el material de Matheu que fue cura, antologías de música sacra, obras de Perosi (maestro de capilla de San Pedro que publicó muchísimo, más por lo bien ubicado que estaba que por razones musicales, con el perdón de los que todavía tararean la Missa Pontificalis). En fin, que es una gozada no sólo revisar los manuscritos y las ediciones de principios de siglo (las portadas de la música popular impresa de Torrandell son una sinfonía de gitanas y lunares) si no mirar las otras partituras, lo que les gustaba o estudiaban y de quién recibieron influencia.
Si antes decía dije ahora digo Diego! Aquí un “parell” de versiones del perfecto Halleluhaj del Mesías, humor si, pero también ingenio y trabajo. La madre “Ha” tiene pequeños problemas rítmicos. El final magnífico es digno de cualquier “Mesias participativo”, podríamos proponerlo a “La Caixa!.
Y ahora una versión distinta, menos de cámara pero más arriesgada y con su toque extra (paciencia con la INTRO si no sabeis english)
Y finalmente la menos brillante, pero la pongo para que veais lo que es dar con un filón y cómo corre como polvora!
Con 100 Kg de Hoja de coca, se saca 1 Kg. de pasta, que tras varios lavados se reduce a 450 g. de pasta base, que es una masa de sulfato de cocaína, otros alcaloides e impurezas -querosene, alcohol metílico y ácido sulfúrico-. De 1 Kg. de pasta base se obtienen 300 g. de clorhidrato de cocaína.//. Todo esto viene a cuento porque el hombre de la verruga, con la banda presidencial terciada y con la coprolalia (tendencia patológica a decir… obscenidades) como nunca, le dio por decir ante las cámaras de televisión que se desayunaba con dicha pasta recomendado su uso porque era bueno para la salud. No contento con tal afirmación, ante las cámaras de TV le peguntó al Evo de Bolivia, en eso que tiene por Asamblea Nacional, si le había traído las hojas de coca, a lo cual el hombre del altiplano, solícito, sacó una bolsa con dichas hojas y de inmediato comenzó a mascarlas.//. Entonces una se pregunta, cómo se le puede decir a los niños y jóvenes que la cocaína es dañina y por otra parte las televisoras que critican sus desafueros son constantemente vigiladas si las informaciones pueden afectar al bueno y consumidor presidente. Como dijera un periodista de estos lares, ¡Se cansa una!
Cate Cap
La música clásica hace tiempo que dejó de ser una experiencia exitante, novedosa o sorprendente; siempre es un refrito. Una tragedia de Shakespeare puedes encontrarla vestida de mil maneras; un ballet siempre entraña, como mínimo, el riesgo de que una bailarina se caiga de las puntas o que uno de los super hombres de un traspiés. Pero las partituras son intocables. Las mismas notas con los mismos instrumentos con casi idénticos tempi e interpretaciones, un ritual que se cumple rigurosamente en cada concierto, tan protocolario como los aplausos, el programa de mano y la cena posterior. Los músicos profesionales se parecen cada vez más a los funcionarios de la educación, distanciados cuando no quemados y casi siempre con el corazón en otra parte. Escribo esto y pienso en las excepciones, en 25 años unas 10 veces que toqué el cielo; Maurizio Pollini tocando la Sonata en Si menor de Litz en el Teresa Carreño, la primera sinfonía de Mahler en el Auditorium dirigida por un cellista alemán cuyo nombre siempre se me escapa, un ensayo de gregoriano en Cremona mientras cantábamos el ofertorio Ave María dirigidos por Berschman Göechl, el Coro Politécnico de Varsovia cantándo y moviéndose por un escenario cuyas luces se encendían y apagaban con sus movimientos, y unos pocos más. A veces un solista, más veces un director que logra movilizar al colectivo que canta o toca y los transforma en artistas.
Con la música que hacen los amateurs pasa otra cosa, siempre imperfecta, su compromiso amoroso y gratuito logra pequeños milagros que también te elevan. A un cielo distinto, quizá menos brillante pero de una intensidad que conmueve. Los Mestres Cantaires hicieron el sábado uno de estos conciertos que se guardan en el corazón. La suma de muchos esfuerzos y entusiasmos, la conciencia en cada segundo de música de lo bueno y de lo mejor, la fuerza del aquí y ahora coral. Que ganas de más te quedan, ganas de repetir, de ensayar, de ser directora y coralista a la vez, de bailar lo que cantan, de recitar los versos.
Seguramente llego atrasadísima, pero después de negar todos los contactos que llegaban (pensaba que eran algún tipo de reenvío venenoso a pesar de saber que los candidatos españoles tenían allí sus páginas) decido entrar y curiosear por esta web de redes sociales. Y resulta que está metida media humanidad; he encontrado (o me han encontrado) ex compañeros de la Schola Cantorum de Caracas, primas, amig@s de cerca y de lejos y gente con la que me escribo habitualmente pero que no sabía que también circulaba por allí. Pues muy guay, puedes colgar álbumes de fotos, mandar mensajitos, chatear, ver noticias, escuchar música y tiene un buscador especifico para encontrar a más gente. Moderno, diseñado y en castellano. De pronto recordé al viejo ICQ, aquél programa de comunicación que se usaba en los noventa y que me trajo en un suspiro hasta Mallorca.
Ahora que Venezuela estrena Bolívar Fuerte (1 euro = 3,15 Bs. F. frente al bolívar anterior de 1 euro = 2.500 Bs. +-) me vienen a la memoria todas las monedas, el “sencillo”, que usé y que ahora parecen recuerdos dignos de batallitas de abuela. Un bolívar se dividía en dos “reales” (50 céntimos), y cada real en “medios” (25 céntimos) y un medio en dos “lochas” (12,50 céntimos y estas casi no las vi, lo juro!), pero también en “puyas” que eran monedas de cinco centavos. Y había expresiones como ”me cayó la locha”, “se perdieron esos reales”, “no tengo ni medio”. Cinco bolívares eran un “fuerte” y cien bolívares un “marrón”. Ojalá que la revaluación que implica la llegada del bolívar fuerte logre elevar el nivel de vida de los venezolanos y de una vez por todas comiencen a “gozar un puyero”.




Foto Per Endström