Entre las cosas que me fastidian del fast food es que se come sin cubiertos, sin mantel, que los dedos quedan pringosos, que si hay mucha gente las patatas llegan frías a la mesa y el hielo derretido, que usas media docena de servilletas y que cada vez que voy pienso que será la última vez. Peeerooo, entre el parquecito, el muñequito del Happy Meal (”Cajita Feliz” en Venezuela), el saber que luego no hay que limpiar la cocina, lo barato que es (nunca como nuestros queridos chinos) y que a los hijos les encanta pues nada, los viernes a Mc. Donald´s. Pero como existe el derecho a pataleo, he ido contraatacando con algunos elementos civilizadores. “Primero al lavabo”: antes de empezar a comer todo el mundo al servicio para no interrumpir el banquete (suspiro); esto funciona a medias pues Lucía casi siempre sale (especialmente cuando llevo la hamburgesa por la mitad) con un “tenc caca” que además expresa con viva y emocionada voz… “El mantelito”: se coje la cajita feliz y se desarma, se coloca aplanada sobre la mesa y encima se deposita su contenido en un riguroso orden, nuggets al centro, refresco a la derecha, muñequito al frente con prohibición de tocarlo hasta terminar de comer; ¿y las patatas?, por supuesto en la tapa de la cajita donde vienen los nuggets. Los dedos quedan igual de asquerosos, especialmente después de sucesivas incursiones al potecito de la salsa seudo tártara de las patatas de lux, pero al menos hay orden en la mesa. He logrado que termine la comida con una ratio de dos servilletas por cabeza lo que es un gran progreso. Al final todo se deposita en la bandeja de mamá, plegado, enrollado o apilado, y a la basura, y al parquecito… me pregunto que se vería por el microscópio si se hiciera un cultivo de lo que debe haber pegado en las paredes plásticas de estos parquecitos, especialmente las de adentro… guácala!




Foto Per Endström