Es el título de un libro que me encontró hace un par de años y que he tenido hasta ahora en el montón de “pendientes”. ¿Puede la psicología ayudarnos en una presentación pública?, el libro trae desde las bases psicológicas del comportamiento y el aprendizaje, pasando por las motivaciones, el estrés y la memoria, toda una propuesta reflexiva y técnica de conocimientos y sugerencias que pueden ayudarnos a controlar o utilizar las emociones vinculadas al quehacer interpretativo. Los autores son Andrés López de la Llave y María del Carmen Pérez-Llantada, ambos profesores de la UNED y lo publica la editorial Thomson, Madrid, 2006. Textos así deberían formar parte de la bibliografía en los estudios de músicos, bailarines y actores, y de todo el que tiene que enfrentarse al público, o más bien, compartir con él desde el escenario.
No, no son malas anécdotas, sino anécdotas estrictamente escatológicas. Me doy cuenta que guardo unas cuantas, mas bien muchas. Pero creo que solo debería contarlas “bajo pedido” ya que no es mi intención herir sensibilidades. Sin embargo, aquí dejo una de mis preferidas…
Con Zoltan recién nacido, me entrenaba en el arduo aprendizaje de cambiar pañales con efectividad. Al principio, como a toda madre novata, o le apretaba mucho el paquete alrededor de las piernitas, o lo dejaba tan flojo que se escurrían sus fétidos obsequios; en fin la cosa es que en uno u otro caso siempre me llenaba las manos de mierda. Un día al finalizar la labor, siento el inequívoco olor y después de pasarle el bebé a su papá, me voy al lavabo y me enjuago las manos. Pero el olor no se iba. Vuelvo y me froto con bastante jabón, y nada. Pienso, “que vaina, esto es que me quedó debajo de alguna uña” y busco un cepillito y dale dedo por dedo. Pero el olor igualito o peor. Y yo, Dios mío pero dónde está? y vuelve con agua caliente. Nada. Empiezo a verme los antebrazos, las mangas, la cintura… me quito los anillos y los analizo milimétricamente. Venga otra vez al lavabo, y mientras echo un suspiro casi resignada, levanto la vista y me veo a través del espejo, con un discreto bigotito de mierda infantil.
Hace unos años Emili nos explicaba en genecapriles.net los principios del ocultismo partiendo de las enseñanza de Alice Bailey. La iniciativa de iniciarnos en este campo de investigación espiritual no tuvo mucho quorum pero alguito quedó, y navegando en la red he recordado y sentido cierta relación con aquellos conceptos. Emili explicaba que el hombre tenía cuatro cuerpos manifestados, el cuerpo físico, el cuerpo etéreo (relacionado con la energía vital), el astral (relativo a los sentimientos) y el mental (del intelecto). Del cuerpo físico se considera que ya ha acabado su proceso evolutivo, lo que confirmamos al leer por ejemplo que en pocos años será imposible lograr nuevos records olímpicos. Y aunque este cuerpo físico nos retiene y confina, vemos como a través de la red llegamos a cualquier parte del planeta, a miles de kilómetros, proyectando nuestras ideas y sentimientos que son compartidos y discutidos… quien hubiera dicho que la tecnología, que asociamos con lo material y tangible, podía ser un camino para traspasar las fronteras físicas y hermanar mentes, espíritus y sentimientos.
Frente a la entrada del cole de las niñitas hay un paso de peatones, y cada mañana tenemos un policia repartiendo turnos entre papás y niños que entran, papás que salen, y coches con papás que se van. La cosa es que sus señales a veces entran en conflico con los mandamientos que tenemos grabado a fuego desde que comenzamos a conducir. No pararse sobre el paso de peatones, por ejemplo. Pero resulta que el poli quiere ser super eficiente y te manda seguir adelante cuando después de la cebra no hay espacio, lo que te obliga a pararte sobre el rayado, y claro, el pie no responde a la mano enguantada sino a lo que tiene automatizado. Cuando los coches avanzan y finalmente tengo espacio después del rayado, sigo, y el poli me mira con odio con su “señora ¿no me está viendo?”, y le digo “si mijo pero dónde querías que me parara ¿en las rayas?… creo que no entendió nada.
Luis Biasini estuvo en navidades en Venezuela y me ha traído una bolsita linda, un regalito que adentro tenía: un cuarto de kilo de café, Torontos, una bolsita de Miramar, varios Cocosettes y dos latas de Diablitos. Aparte del café y los Diablitos, el resto son chuches y como deben sonar a chino lo traduzco: un Toronto es una bola de chocolate (de diámetro como una moneda de 50 ctmos.) con una avellana adentro que viene envuelta en papel dorado y brillante, todos los venezolanos los hemos comido desde chiquitos y de un expresidente, Luis Herrera Campins, gordo y glotón, se decía que llevaba siempre los bolsillos repletos. “Miramar” es una bolsita llena de trocitos de fruta recubiertos de chocolate, de pequeña nos dividíamos en dos: los fanáticos del Miramar y los del “Ping Pong” que en vez de frutas llevaba cacahuates. Los fans del Cocosette (dos galletas alargadas tipo sandwich y rellenas de pasta de coco) no comían “Susy”, que era lo mismo pero con chocolate en vez de coco. Y finalmente los Diablitos, cuya sintonía decía “Diablitos Underwood, la mejor forma de comer jamón” (do la la sib sib do, re do sib la la la la sol sol fa) los asocio a otra herencia gringa absolutamente incorporada a la dieta nacional, el queso “Cheesewhiz” de Kraft. Ambos son “pastas de” y se usaban para untar el pan, las arepas o los “sanduchones”. Cada vez que te encuentras con estas bolsitas, viajas en el tiempo y el espacio.
Caminando hacia Sa Riera en una mañana fría, voy detrás de un papá con su niñita, un piojito de unos 5 años. De pronto la pareja se detiene y escucho a la niñita que mirando a su padre atónita le dispara la frase en cuestión. El papá casi de rodillas comienza a explicarle los efectos del frío sobre el aliento, la niñita le mira un poco incrédula y siguen andando. Pues así están las cosas, los fumadores ya son casi delincuentes.//. Recuerdo que cuando mis hermanas estaban internas en Suiza, hace más de 20 años, el colegio tenía un “salón de fumar”, era como una terracita y allí se reunían las fumadoras porque dentro estaba prohibido. Y ya estaba; muy civilizado y muy respetuoso con las dos opciones, nada de “te morirás de cáncer o irás al infierno si fumas”.//. Aunque soy de las que agradeció y mucho, las primeras leyes anti-tabaco que nos sacaron a los no fumadores del grupo de “cursis”, y nos dieron el valor y el derecho a exigir un ambiente libre de humo tanto en lo público como en lo privado, no me gusta el tumbao actual, éste en que los fumadores son perseguidos y acorralados, hasta el punto en que una cría desapruebe a su padre con una mirada.





Foto Per Endström