Me impresiona verificar la presencia del alcohol en mis series de tv preferidas. Soy fanática de unas cuantas, especialmente policiales: policiales-legales, policiales-científicas, policiales-paranormales y policiales-cómicas, dicho de otra forma: L&O (Unidad de Víctimas Especiales, de primera en todo el ranking), CSI (todas, pero sin duda la mejor Las Vegas, seguida por el sufrido de Miami y de lejos el descafeinado de New York), Bones (que en la nueva temporada se han dejado de pretensiones y definitivamente está en el subgrupo policiales-científicas-cómicas), Medium (que en la segunda temporada me convence menos pero ella sigue siendo espectacular, el esposo más y las niñitas requetemás) y Monk. La cosa es que en casi todas salen en primera plana botellas de whisky y cerveza: Allison Dubois se relaja o se quita el stress con un etiqueta negra o una cerveza que saca del congelador en cada capítulo. El ex alcóholico jefe de Stabler les ofrece una ginebra en su despacho a sus polis cada vez que están depres. En CSI se van al bar cuando resuelven un caso, aparte de las mil escenas de fiestas, bares, barcos y casinos con alcohol a tope. Y entonces me acuerdo de la batalla campal contra el tabaco y pienso cuántas familias se destruyen porque el papá o la mamá fumen y cuántas porque alguien de la familia sea un borracho, aparte de cuántos accidentes de tránsito hay por ir fumando en el coche o por ir bebido. El alcohol en estas series es casi siempre bálsamo para el cansancio, el stress, la depre; una medicina, algo recomendable. Sin críticas ni notas subtituladas del tipo “se ha demostrado que beber en exceso es nocivo…”. Pero dónde está la educación para beber, el manual de uso y abuso, el protocolo familiar para detectar a los que el segundo whisky les afecta la personalidad, los que se anestesian con alcohol para olvidar o gritar lo que no pueden buenos y sanos? Es un mensaje bastante esquizoide el de la tele y la sanidad pública, por un lado te vendo la droga y por el otro ya te presento directamente las clínicas de desintoxicación o las penalizaciones, sin nada en medio, sin análisis ni recomendaciones para entender y aprender a usar lo que tenemos en frente.
Esta pregunta me la hace mi hija Abril de vez en cuando. Para los niños sólo existe el presente y lo que ven y disfrutan cada día, o lo que quieren para dentro de cinco minutos o lo que harán mañana. También cuenta los días de la semana con los dedos, así que el miércoles es el dedo tres y así, no importa el nombre del día sino en qué dedo será el paseo, la natación o comprar pegatinas. Y de la abuela oye comentarios y de vez en cuando hablan por teléfono, pero esto no la convence y vuelve al ataque ¿pero de verdad está viva?. Si Abril pero vive muy lejos, vendrá para Navidad… Mamá: ¿cuántos dedos faltan para Navidad?…




Foto Per Endström