2014

Primer día del año.  En casa miro el facebook donde las felicitaciones abundan llenas de alegría fraterna y buenos propósitos. El que no se salude es porque no quiere. El que no encuentre al amigo perdido es porque no lo busca, o cómo máximo, porque alguno no quiere que lo encuentren. Lo anterior a la red no existe a menos que haya sido significativamente importante. No encontrarás crónicas familares ni historias menores, ni álbumes de fotos, ni opiniones ni comentarios de lectores desprevenidos. La historia comenzó en 1993 y lo anterior hay que buscarlo en bibliotecas y archivos familiares. Para tus nietos, tu serás lo más antiguo que puedan encontrar en la web sobre su familia…

Es raro.

me gustan los chinos

y los bazares chinos donde me puedo pasar fácilmente una hora entre sus pasillos. Cerca de casa hay (como en ya en todas partes) varios. Saludo con cierta confianza a las jovencitas chinas que hacen horas extra fuera de clases, y a los papás que están todo el día, o al chico que habla un castellano estupendo, que siempre sonríe y que me busca las cosas que no encuentro. Hoy compré perchas para faldas, estás que traen pinzas, muy bonitas porque la base es de madera. También un par de ceniceros pues aunque en casa nadie fuma, me ha avisado Emili de almuerzo familiar por el cumpleaños de su nieta y vienen “los hermanos”, que sí fuman, así que los recibiré con sendos ceniceros chinos en la terraza (único salón de fumar).

Mientras caminaba por el bazar, mirando a ver qué más se me ocurría comprar (no hay mejor forma de perder el tiempo que perderse en el bazar chino más grande que puedas encontrar) escuché al chico hablando en inglés, pero realmente no hablaba… “estudiaba”, repetía las frases una y otra vez, en voz alta y con tranquilidad. Así que cuando finalmente fui a pagar, le pregunté qué tal lo llevaba, me dijo que bien, que había empezado ayer (¡!), le pregunté por su castellano, llegó a Palma a los 12 años y lo aprendió pronto según me dijo, entre tímido y risueño.

Y esto es lo que me gusta de los chinos.

hijos

Quizá lo más difícil de ser padres es lograr captar las diferentes necesidades de los hijos e intentar darle a cada uno lo que realmente requiere. Un equilibrio que pasa por darse cuenta de sus fortalezas y debilidades, de observarles, de recordar cómo se sentía uno en situaciones parecidas cuando era niño o joven. Animarles a encontrar su camino y desarrollar sus talentos, y acompañarles en el camino de la aceptación de que el mundo no es siempre justo, ni tan bueno como uno cree cuando apenas sale de la niñez.

Se escribe tan rápido y es tan difícil. Mediar entre los celos, la necesidad de atención, las disputas a veces sorprendentemente infantiles aunque tengan veinte años. Equilibrar la balanza de la atención entre aquellos que brillan más o menos. Y primero que todo ver el brillo de cada uno, valorarlo y ayudarles a que ellos también lo vean. En ellos mismos, y en sus hermanos y hermanas.

Las vacaciones dan una oportunidad sin igual para mirarles con esos ojos necesarios para re-conocerlos, escucharlos un poco más, y ser críticos con lo que hemos hecho a los largo de su educación.
Esperando tener siempre la capacidad y la oportunidad para mejorar y enmendar los fallos.
No terminamos nunca de aprender a ser padres.

 

de mujeres

Recuerdo un chiste del año catapúm… una vecina jacarandosa le pide a un vecino si le puede mirar la lavadora que no le funciona, el vecino va a revisarla y terminan haciendo cositas. En adelante cada vez que el vecino esta animado le toca la puerta y le pregunta si puede usar la lavadora. Pero un día encuentra que la mamá de la vecina esta de visita y no le queda más que regresar a su casa. Al rato la mujer va a buscarlo y al abrir la puerta le dice el vecino con cara afligida, que cómo ella estaba ocupada le tocó “lavar a mano”…

En fin, que me he acordado del chiste después de una conversación de señoras en la que hubo un momento en que casi coincidimos en que de tanto en tanto había que atender las necesidades de los esposos aunque no apeteciera. Luego me di cuenta, ya en casa, que estaba medio incómoda con esta afirmación, aunque la compartí.  Acaso esto no es lo mismo que aquello de las obligaciones conyugales que toda la vida “de antes” se le recomendaba a las buenas esposas. Estar disponible, y responder las atenciones con sexo; en dos platos.

No sería más sincero, con una bella sonrisa y una caricia dulce, animarlos a que laven a mano…